Especialidad

Cirugía de cadera y tumores óseos, con foco en tu funcionalidad

Prótesis de cadera

Evalúo y trato las principales causas de dolor e incapacidad de cadera. Cuando es posible, partimos por medidas no quirúrgicas (manejo del dolor, kinesiología, ajuste de cargas y cambios de actividad). Si el cuadro lo requiere, planificamos una solución quirúrgica con metas funcionales concretas.

¿En qué consiste una prótesis de cadera (reemplazo total de cadera)?

La artrosis de cadera es el desgaste progresivo del cartílago de la articulación (cabeza del fémur y acetábulo). Esto puede provocar dolor, rigidez, cojera y limitación para actividades cotidianas. Es la causa más frecuente para indicar una artroplastia total de cadera (prótesis de cadera o recambio articular). Otras indicaciones comunes incluyen displasia de cadera, fracturas, necrosis avascular y secuelas de otras enfermedades de la cadera.

En una prótesis de cadera se reemplazan las superficies dañadas de la articulación por implantes, con el objetivo de disminuir el dolor y recuperar movilidad y función.

Hoy, la mayoría de las prótesis se compone de un vástago de titanio que se fija en el fémur y una cabeza de cerámica, junto con un componente acetabular (titanio) y un inserto de polietileno. En personas con hueso frágil o situaciones específicas, puede ser recomendable utilizar fijación con cemento óseo.

Tras la cirugía, el foco es iniciar la rehabilitación kinésica de forma precoz. En la gran mayoría de los casos, el paciente comienza a caminar con apoyo (bastones o andador) desde el primer día. Habitualmente la hospitalización es de 1 a 2 noches, según evolución clínica y control del dolor.

El objetivo es retomar la mayoría de las actividades de la vida diaria y, en muchos casos, volver a hacer deporte. Antes de reiniciar actividades de mayor impacto, es importante conversarlo para definir qué es lo más adecuado y seguro en cada caso. Con buena rehabilitación, controles y hábitos saludables, los implantes suelen tener larga duración; en muchos pacientes pueden durar 20 años o más.

Fracturas de cadera

La fractura de cadera es un problema frecuente, especialmente en personas mayores y en pacientes con osteoporosis. El manejo oportuno y coordinado, con un equipo multidisciplinario, es clave para controlar el dolor, reducir complicaciones y recuperar la movilidad lo antes posible.

¿Qué implica una operación de este tipo?

Las fracturas de cadera en el adulto mayor son una condición frecuente y suelen requerir un manejo exigente, porque impactan de forma importante la movilidad, la autonomía y la salud general.

En la mayoría de los casos, el tratamiento es quirúrgico y se realiza idealmente en un plazo acotado. Esto ayuda a disminuir complicaciones asociadas al reposo prolongado, la inmovilización y el dolor. Tan importante como la cirugía es iniciar una rehabilitación kinésica precoz, con objetivos claros de recuperación funcional.

Según el tipo y la ubicación de la fractura, el tratamiento puede consistir en una reducción y fijación con implantes (osteosíntesis) o en una artroplastia (prótesis) parcial o total de cadera. La indicación se define caso a caso, considerando el patrón de fractura, la calidad ósea, el nivel de actividad y las condiciones de salud, y se conversa con el paciente y su familia.

Antes de la cirugía, realizamos una evaluación integral junto a anestesia y, cuando corresponde, geriatría u otras especialidades. Esto permite optimizar enfermedades crónicas, ajustar medicamentos y planificar la intervención en un contexto seguro.

Después de la operación, la hospitalización suele ser de algunos días, según la evolución. El foco está en controlar el dolor, prevenir complicaciones, iniciar la marcha con apoyo y dejar un plan de alta claro (rehabilitación, controles y medidas de cuidado) para que el regreso al hogar sea seguro.

Artroscopia de cadera

Manejo médico y quirúrgico del pinzamiento femoroacetabular (“pellizcamiento” de cadera) y sus problemas asociados. Cuando el dolor es persistente y existe una alteración estructural que conviene corregir, la artroscopia de cadera puede ser parte del tratamiento para mejorar función y reducir síntomas.

¿En qué casos se recomienda este tipo de intervención?

El pinzamiento femoroacetabular (PFA) es una causa frecuente de dolor de cadera en personas jóvenes y activas. Habitualmente se manifiesta como dolor en la ingle, en el costado de la cadera o irradiado hacia el muslo, especialmente con movimientos como flexionar la cadera, girar, estar sentado por periodos prolongados o realizar deporte. En algunos casos el dolor puede volverse persistente, incluso en reposo.

En los estudios de imágenes, muchas veces se identifican alteraciones en la forma del fémur y/o del acetábulo, lo que produce un contacto “anormal” dentro de la articulación. Ese roce repetido puede inflamar la cadera y favorecer lesiones del labrum acetabular (el anillo fibrocartilaginoso que actúa como “sello” de la articulación) y, en algunos casos, daño del cartílago.

El tratamiento suele comenzar con alternativas no quirúrgicas, como kinesiología/fisioterapia, ajuste de cargas y actividades, manejo del dolor y, en casos seleccionados, infiltraciones. Si pese a un manejo bien realizado los síntomas se mantienen y la evaluación muestra una condición corregible, la cirugía puede ser una alternativa a considerar.

La artroscopia de cadera es una cirugía mínimamente invasiva que se realiza mediante pequeñas incisiones y el uso de una cámara e instrumentos especializados. Permite tratar el problema de base corrigiendo las alteraciones óseas (según corresponda) y abordar lesiones asociadas, como la reparación del labrum con anclajes y suturas o el tratamiento de lesiones del cartílago, con el objetivo de disminuir el dolor y mejorar la función.

Después de la cirugía, la recuperación incluye un plan de rehabilitación y reintegro progresivo a actividades, definido según el tipo de lesión tratada y las necesidades de cada paciente.

Tumores óseos

Realizamos el estudio, diagnóstico y manejo de tumores óseos del aparato locomotor (extremidades y pelvis), en conjunto con un equipo multidisciplinario cuando corresponde. Esto puede incluir seguimiento clínico e imagenológico en lesiones benignas, o cirugía de resección y reconstrucción en casos que lo requieran por síntomas, riesgo o mayor agresividad.

¿Qué tan frecuente se presentan este tipo de tumores?

Los tumores óseos se consideran poco frecuentes. Aun así, es importante evaluarlos con método, porque abarcan un espectro amplio: desde lesiones benignas que solo requieren control, hasta tumores malignos que necesitan tratamiento especializado.

Existen tumores benignos (por ejemplo, quistes óseos y otras lesiones no cancerosas) y tumores malignos, dentro de los cuales destacan los sarcomas. Cada tipo tiene un manejo específico, que puede ir desde observación y controles hasta resección quirúrgica y, en algunos casos, terapias complementarias.

La forma de presentación más habitual es el dolor, aunque también pueden manifestarse como aumento de volumen, limitación funcional o fracturas asociadas a hueso debilitado. En ocasiones, estas lesiones se detectan de forma incidental en radiografías o estudios realizados por otro motivo (por ejemplo, después de un traumatismo). Por eso, la evaluación debe ser completa: historia clínica, examen físico e imágenes adecuadas, para determinar con precisión el diagnóstico y si es necesario tratar o solo vigilar.

Los sarcomas son tumores malignos del tejido conectivo. En el hueso, algunos de los más conocidos son el osteosarcoma, el sarcoma de Ewing y el condrosarcoma. Su manejo suele requerir un enfoque multidisciplinario, con participación coordinada de radiología, anatomía patológica, oncología, radioterapia y cirugía ortopédica especializada.

Tumores partes blandas

Evaluamos y tratamos tumores de partes blandas (tejidos como músculo, grasa y tendones). La mayoría son benignos (por ejemplo, lipomas), pero algunos pueden ser malignos (sarcomas). Por eso, el objetivo es llegar a un diagnóstico claro y definir el manejo más seguro en cada caso.

¿Cómo se presentan este tipo de tumores?

Los tumores de partes blandas suelen presentarse como un bulto o aumento de volumen bajo la piel o en zonas más profundas. Pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y su comportamiento es muy variable: muchas lesiones son benignas y solo requieren control, mientras que otras necesitan estudio y tratamiento específico.

Existen muchos tipos distintos de tumores de tejidos blandos, por lo que una evaluación especializada es importante para decidir qué corresponde en cada caso: observación, imágenes (como ecografía o resonancia), biopsia cuando está indicada, o cirugía.

Antes de operar, es fundamental realizar un estudio adecuado. Esto permite planificar la cirugía correctamente y evitar resecciones “a ciegas” de lesiones que podrían requerir un manejo distinto. En términos simples: primero se confirma el diagnóstico y luego se define el tratamiento más seguro y efectivo.

Cirugía reconstructiva articular

Realizamos cirugía reconstructiva articular para recuperar función y disminuir dolor, ya sea por desgaste articular (artrosis) o como parte del manejo y secuelas de una resección oncológica en las extremidades.

¿En qué casos es necesario esta cirugía?

La cirugía reconstructiva ha avanzado mucho en las últimas décadas. Hoy contamos con distintas alternativas para reconstruir una articulación y recuperar estabilidad y movilidad, desde implantes protésicos hasta, en casos seleccionados, reconstrucciones con injertos u otras técnicas según el problema y el estado del hueso y los tejidos.

Este tipo de cirugía puede ser necesaria cuando existe dolor y limitación importante por artrosis u otras enfermedades articulares, o cuando se requiere reconstruir una zona después de una resección por tumor, con el objetivo de preservar la función y facilitar la rehabilitación.

La indicación se define caso a caso, considerando tu diagnóstico, nivel de actividad, calidad ósea y expectativas. La planificación busca elegir la alternativa más segura y adecuada para cada paciente.
Nos especializamos en reconstrucción protésica de cadera y rodilla.

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